La queimada… el conjuro…

Titi, maravilloso niño rumano. Un ángel real en mi Camino. No se ha olvidado de remitirme esta imagen que comparto con vosotros, para aquel que necesite o desee invocar…
Me dijo antes de despedirnos (y con un gesto muy significativo) que me quedaba en su corazón. Y él también se hizo un hueco-albergue de amistad y puro en el mío.
Gracias por conocerte para que pudiéramos vivir y gozar y escarmentar de aquella Noche, la noche en la que se anda, por fin, por el Camino de las Estrellas a Finisterre. Bajo el manto inconmensurable de la Vía Láctea.
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