Herem

La revisión del concepto RESPETO (maltrato infantil y familiar)

Posted in éVella, Crecimiento Personal, Enlazando by Maria de Herem on septiembre 28, 2008

ninaenazul

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<<No me dolieron los golpes. Me Dolió no entender por qué me los dieron.>>

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Esa había sido hasta entonces la afirmación a la que se aferraba éVella. Algo que leyó algún día, ya de adulta, en algún lugar, y con lo que sintió empatía. Una afirmación azul, que aunque encierre una verdad profunda también conlleva una negación evidente de la realidad. Adelante. Te escucho, le dije:

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- yo no puedo Respetar a casi nadie. Aunque respeto a todo el mundo. Bueno… respeto si se me Respeta. Pero ganarse mi Respeto… de momento yo: me lo estoy ganando. Me gusta mucho vivir para Respetarme.

Mi diccionario dice: respetar: Reconocer, no violar los derechos, la dignidad, etc… Pero si es cierto que en respeto la primera acepción dice: sentimiento o actitud deferente o sumisa con que se trata a algo o a alguien.

Mi padre, ‘Absurdo’ jamás logró eso de mí, yo le quería pero no le respetaba, creo … Él siempre decía que quería que le tuviera un respeto. Yo creo que nunca me pidió que le respetase. Yo sí lo hice hace un par de años: A mí me respetas. El respeto siempre empieza en uno. Y si hay una sumisión se subordina a ese uno. Por lo menos en mi caso. Yo soy sumisa de mí.

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éVella había utilizado la palabra sumisión y eso me preocupaba. ¿Y sí era sumisa de ella, sí, pero y si como sumisa sólo estuviese buscando una cesión del control en otro? ¿otra vez el <<punto de control externo>> en vez del necesario <<punto de control interno>>? ¿Hasta cuándo sería así? ¿hasta que las circunstancias ”propicias” la llevaran a someterse en otra relación o indujera inconscientemente a otro ser humano a esa postura?

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- Él y yo estábamos hablando… Sí había comenzado el sexo porque el Sexo comenzó desde el principio. Nuestra cita era un Encuentro. En una habitación de hotel y evidentemente los dos estábamos allí para eso pero bebíamos vino… sobre la cama. Yo fumaba. Y en este momento él todavía no estaba desnudo ni yo, del todo y hablamos eso del Respeto… Él me dijo que había llegado a buscar esa palabra en el diccionario porque … bueno… quería comprenderlo y … no le gustaba demasiado con lo que se encontró. Entonces yo le dije que … que no, que esa acepción a la que él se refería no era la mía, lo que yo entendía por Respeto o … o porque para mí era tan importante respetar al otro…

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Aquel día la escuchaba con paciencia e interés humano, así que no le hice la pregunta que debía. Y dime éVella, ¿no crees que podrías buscar una expresión alternativa, una conciencia nueva y revisada, que no conlleve necesariamente lo negativo de la sumisión y que realce las virtudes de la estima y el Valor de lo valorable, de lo válido? Tal vez tu amigo, con su propia <<lógica de sensaciones>>, captase el matiz más peliagudo del respeto…

En el trasfondo de ella misma, en su diccionario íntimo, éVella había sido condicionada para que el RESPETO significase miedo. Entonces el respeto siempre estaría contaminado por el temor. ¿Por qué? A continuación un fragmento de terapia de grupo en el que la éVella descarnada nos lo plantea.

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- Yo lo aprendí de mi padre. Me acojonó tanto, tanto, tanto… ya os lo conté otras veces. Ella dice de llorar en el trabajo porque te humillen. A mí se me humillaba continuamente por cualquier cosa. Se me decía: Quítate las gafas. Yo lo hacía. Me quitaba las gafas. Me ponía los brazos detrás de la espalda.. y me caían pero una y otra y otra más… y podía tener las lágrimas pero me las comía. No le lloraba. Sólo le miraba. Así. Mientras me pegaba. A los ojos. Le clavaba la vista era lo único que podía hacer. Mira tú cómo se aprende eso. Le hacía lo que más le jodía… lo que más porque cuando acababa de darme … sufría como un perro. Lo había visto todo en mis ojos. Todo, todo, todo, lo que me hacía. Lo que me estaba haciendo todo el daño. Y entonces sí, lo torturaba durante más días, días y días… le torturaba mirándole en silencio y no le hablaba… hasta que me pedía perdón. Siempre me pidió perdón mi padre. No le quedó otro remedio. ¿Entiendes? El dolor no hay que esconderlo. El dolor y todo lo que hacen los demás hay que enseñarlo. Y eso es lo que le teneis que enseñar a vuestros hijos. Lo que vosotros no sabéis. El límite… el Límite.

éVella contesta: ¿Tú crees? Sí probablemente sí. De hecho yo nunca pedí perdón. No tenía por qué pedir perdón. Y él decía: pideme perdón. Pideme perdón. Y yo decía: no hice nada. No te voy a pedir perdón. Me rompía la cara. ¡Que me pidas perdón! Y alguna vez supongo que pediría perdón. Idiota no sería. Pero no le miraba como si pidiera perdón, entiendes… No le miraba.

Tú hijo de puta puedes estar abusando de mí en este momento. Puedes abusar de mí pero yo lo sé. Que eres un Cabrón. Y un hijo de puta porque te quiero. Por eso estás abusando de mí. Es de las cosas que más orgullosa estoy en esta vida. De haber aguantado toda mi vida las hostias así, con las manos en la espalda.

Nunca, nunca, nunca me vio llorar. Sí, quemarme las lágrimas sí. Pero pedir para por favor, NO. Y no me pegues. Mi madre se pasó toda la vida diciendo no me pegues.

Bueno esto lo estoy recordando ahora por casualidad. Me vinieron todas las imágenes. Pero le estoy agradecida.

Él dice: Aprendiste de ello.

Él dice: Eres como eres gracias a ello

éVella contesta: Aprendí mogollón de ello.

éVella contesta: Sí, claro. No sé… pero también te digo que no lo merecía. Creo que yo era una niña para no pegar nunca. Era ese tipo de niña para nunca, nunca, nunca pegar. Porque nunca hacía… Bueno hacía cosas malas pero no se enteraban. Pero no para pegarme esas palizas. No había ningún motivo. La mayoría de los días no había ningún motivo.

Él dice: No lo sé. Sería su frustración.

Él dice: No, es orgullo.

éVella contesta: Del trabajo. Venía del trabajo así. Le valía cualquier cosa, ¿entiendes? Y luego la emprendía con mi madre. No me había acordado de esto. Joder que fuerte, uff. No pero qué fuerte era. Era muy fuerte.

Él dice: Eres muy fuerte

éVella contesta: No, no era muy fuerte. ¿Saber las que me iban a caer y no intentar escapar de ello? Era gilipollas o qué…

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Entonces surge otro tema interesante y que necesita, lo sentimos así, de una revisión: el concepto orgullo. ¿De qué y para qué nos sirve el orgullo? ¿No hay otros términos alternativos que podrían mejorarnos interiormente, nuestra calidad humana? ¿Estaría devaluada la humildad como rasgo humano por la connotación negativa que le presuponemos? ¿Tiene más posibilidades un ser humano de ser y desarrollarse más feliz y pleno con el orgullo por bandera o las tendría con la humildad? ¿Qué otros sinónimos podríamos superponer sobre esos para mejorarlos? ¿Cómo los enfatizas tú?

éVella llegó a la conclusión de que al enfocar el respeto con la lupa idónea… ese ya era un concepto caduco para ella. Y en su lugar estableció el de CONSIDERACIÓN (por ella misma, por el otro, por cualquiera), el primero y luego… Lo que nos gustaría saber es por qué otros sinónimos lo sustituirías tú, por qué argumentos y, por supuesto, si consideras algo de lo que has leído en esta entrada como equivocado.

Yo personalmente siento que tras la consideración se asienta el espíritu de la razón. Y que en el respeto podrían esconderse motivos profundamente irracionales.

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RESPETO m. Reverencia, veneración, consideración, miramiento, atención, deferencia, rendimiento, acatamiento, sumisión.

Consideración, miramiento, atención, deferencia y rendimiento son formas exteriores con que se manifiesta el sentimiento de respeto. El acatamiento y la sumisión pueden producirse por la sola estimación de la fuerza o poder de lo que respetamos. ”El que respeta las prácticas religiosas, entra con reverencia en el templo, y mira con veneración las santas imágenes. En la reverencia hay más exterioridad que en la veneración y en el respeto”

(Diccionario Larousse)

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ESCUELA PARA NIÑOS INTERIORES

(terapia en Red)

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12 comentarios

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  1. Maria de Herem said, on febrero 28, 2009 at 9:55 am


    ”Lo había visto todo en mis ojos. Todo, todo, todo, lo que me hacía. Lo que me estaba haciendo todo el daño. Y entonces sí, lo torturaba durante más días, días y días… le torturaba mirándole en silencio y no le hablaba… hasta que me pedía perdón”

    Cuidado con esto. Parece ser que éVella fue conducida de forma más o menos inconsciente a una dinámica insana. El masoquismo y el sadismo están muy próximos. La víctima y el agresor aquí, tal como está enunciado, constituyen una dualidad inseparable. Son las 2 caras de la misma moneda. Y me temo que para un niño indefenso y desvalido al que le pueda estar sucediendo esta dinámica son una trampa de la que le sería imposible escapar. ¿Pero no seguiremos muchos adultos atrapados en ella?

  2. Maria de Herem said, on febrero 28, 2009 at 9:56 am

    Luego, encuentro mucha agresividad innecesaria en el lenguaje que utiliza éVella. Puedo comprender que eso lo aprendiera de su entorno familiar pero ¿son necesarias tantas palabras crudas para explicarse? ¿No se puede decir lo mismo con un poco más de consideración ante y por los demás? A mí me duele leerla expresándose así. y cuando la oigo me duele aún más.

  3. Maria de Herem said, on febrero 28, 2009 at 9:57 am

    ”El dolor no hay que esconderlo. El dolor y todo lo que hacen los demás hay que enseñarlo. Y eso es lo que le tenéis que enseñar a vuestros hijos. Lo que vosotros no sabéis. El límite… el Límite.”

    Sobre esa parte. Yo creo que sí hay que esconder muchas cosas, el dolor entre ellas, dependiendo delante de ante que tipo de personas o de individuos nos encontremos. Creo que éVella sigue siendo a veces hasta demasiado franca, en general, y que eso le perjudica.

    Aunque en lo del límite si estoy muy de acuerdo. No sé si siempre ha sido un problema eso de los límites pero conozco a muchas personas y bastantes individuos que adolecen de ellos; probablemente por educación, quizá… pero conocer y reconocer la existencia de límites (para todo y en todos) y saber establecerlos es un paso importante en el crecimiento personal. Hoy en día tal asunto es un problema social creciente, aunque puede que siempre lo haya sido. Y la mayoría de las dificultades psicoemocionales por las que atravesamos tienen que ver mucho con ellos.

  4. Maria de Herem said, on febrero 28, 2009 at 9:58 am

    ”Tú hijo de puta puedes estar abusando de mí en este momento. Puedes abusar de mí pero yo lo sé. Que eres un Cabrón. Y un hijo de puta porque te quiero. Por eso estás abusando de mí. Es de las cosas que más orgullosa estoy en esta vida. De haber aguantado toda mi vida las hostias así, con las manos en la espalda.”

    Mira éVella aguantaste los golpes así porque seguramente aprendiste pronto que tu madre se cubría con las manos y le suplicaba y eso no funcionaba; que eso también nos lo has contado. Entonces tú decidiste ser estoica ante algo que no tiene perdón ni tenía escapatoria. Pero tú sabes en el fondo que fue eso. Probar algo distinto a lo que veías que no funcionaba y sólo eso. Y si yo fuera tú… no sentiría orgullo por ello. Ten cuidado con el orgullo equivocado, que esa es otra trampa grande que nos aleja más que nos acerca a la larga de las personas que si merecen la pena.

    Lo de tu padre como lo de todos los padres como él no tiene nombre y es imperdonable. Él, lo mismo que tú, podría haber intentado sanarse aunque en su momento hubiera sido una víctima como tú. Y la verdad es que tú decidiste salirte de ello, has luchado contra ello y lo estás logrando, y él no hizo el esfuerzo, ni el más mínimo, y sólo era una decisión que había que tomar. Sabes también que sólo ”cambia” (mejora) aquel que hace el esfuerzo. Y que eso tiene que salir de uno. O lo siente uno, o lo ve uno, o es difícil que nadie pueda abrirle los ojos, y más cuando el otro tiene ningún interés en abrirlos.

    Ahora, has intentado, dices, ayudarles. Pero yo creo que lo que tratas de hacer es liberarte de una vez por todas de todo el tormento, de la culpa y la responsabilidad con las que ellos quieren seguir dominándote. Poco se han preocupado nunca por ti, ninguno de los dos, querida mía, entonces lo único que te queda por decir es si vas a dejar que tu abuela siga con ellos o si le buscas a eso una decisión alternativa. Donde tú estuviste está ahora tu abuela que es un ser tan indefenso como tú lo fuiste y no te compliques más la existencia. Ellos no van a cambiar porque nunca han tenido ninguna intención y no sienten el menor interés. Quizá sea hasta improbable que lo logren ‘ver’. Sin embargo tu abuela no se merece sufrir. Eso es lo que tienes que valorar le duela a quien le duela. El amor te vino de ella. Y si puedes ayudarla a que sea más feliz en sus últimos días ayúdala y si no puedes relájate y no te culpes por lo que tú no ayudaste a crear.

    VER LAS ÚLTIMAS CARTAS ESCRITAS POR ÉVELLA A SU PADRE DENTRO DEL PROCESO TERAPÉUTICO:

    - Carta en Rojo de una hija Azul a su padre Natural

    - 2ª Carta – de Amor enviada por una hija Azul a su padre Natural, respuesta del padre Natural y …

  5. Maria de Herem said, on febrero 28, 2009 at 10:01 am

    ”- yo no puedo Respetar a casi nadie. Aunque respeto a todo el mundo. Bueno… respeto si se me Respeta. Pero ganarse mi Respeto… de momento yo: me lo estoy ganando. Me gusta mucho vivir para Respetarme.

    Mi diccionario dice: respetar: Reconocer, no violar los derechos, la dignidad, etc… Pero si es cierto que en respeto la primera acepción dice: sentimiento o actitud deferente o sumisa con que se trata a algo o a alguien.

    Mi padre, ‘Absurdo’ jamás logró eso de mí, yo le quería pero no le respetaba, creo … Él siempre decía que quería que le tuviera un respeto. Yo creo que nunca me pidió que le respetase. Yo sí lo hice hace un par de años: A mí me respetas. El respeto siempre empieza en uno. Y si hay una sumisión se subordina a ese uno. Por lo menos en mi caso. Yo soy sumisa de mí.”

    Si me lo permites te voy a reescribir esto que dices tal como lo percibo yo, ¿de acuerdo?

    Me cuesta confiar en que la gente no va a dañarme y por eso siempre estoy a la defensiva. Aunque en principio procuro ser amable y cordial con cualquier persona con la que me trate sea de mi sangre o no. Soy considerada con el otro pero si el otro no es considerado conmigo lo tengo en cuenta y tomo una postura que puede ser diferente en cada caso. Y a veces llego a despreciar a muchas personas porque no demuestran la más mínima motivación de mejorar y no hacen más que quejarse y culpabilizar a otros de lo que sólo en ellos tiene una respuesta y una solución. Si la persona tiene un vínculo emocional conmigo insisto en mi trato con ella y procuro que mejore su relación conmigo y yo hago por mejorarla con ella. Pero no, no soy una persona para la que perdonar resulte fácil, ni a mi misma, aunque hago muchos esfuerzos por ello y a veces creo que adelanto en esa dirección. Me gusta sentir que crezco y que maduro, que evoluciono como ser humano. Pero mis listones son demasiado altos porque soy excesivamente idealista y no siento mucho apego por una realidad que siempre me parece demasiado limitante.

    Mi padre, ‘Absurdo’ jamás logró convencerme de que la fuerza bruta era algo que había que imponer a los demás porque yo siempre he sido una persona de argumentos y de disfrutar de los argumentos de los otros, porque no considero que un argumento o una idea sea una amenaza de ningún modo. Aunque a veces algunas personas pervertimos a las ideas y las convertimos en peligrosas. Y yo sé que cuando él abusaba de mí y decía que me iba a enseñar lo que era el respeto para que se lo tuviese, lo único que pretendía era atemorizarme para que nunca cuestionase una omnipotencia que él estaba muy lejos de sentir porque sólo era una persona acomplejada ante mi intelecto curioso, espontaneo, alegre inocente y vivo, que continuamente planteaba interrogantes, era sofocado, y juzgaba sus actos como crueles aunque no imperdonables. Lloré mucho, lloré porque como soy de naturaleza compasiva y considerada yo intenté muchas veces, siempre, ser sensible a sus necesidades, que si intuía en él, como ser herido que era, pero una y otra vez mi sensibilidad fue utilizada contra mi misma. Porque las personas enfermas sólo saben dañar a los más cercanos, sobre todo, porque no soportan su propia debilidad en ellos y tienden a confundir debilidad con sensibilidad. Y si no la confunden no les gusta… Pero un día empecé a ser yo misma, renacía de mis cenizas, y a vislumbrarme como quería ser y sentirme porque el bien y la virtud eran el Camino; y a mirar con otros ojos, unos ojos de observadora ya más imparcial, sobre todo, el juego sucio, el orinal en el que mis padres mantenían y fundamentaban ”la unidad familiar”. Y me rebelé ante ese destino. Ayudó haber reconocido la existencia de los límites y su necesidad. Y me mostré con él como él era conmigo, como ante cualquier extraño que quisiera hacerme daño: fría e inexpugnable. Pero él intentó apabullarme y un día hasta tuve que recular por un pasillo mientras él amenazaba con golpearme y yo sentía como mis esfínteres se aflojaban porque me sentía en peligro de muerte. Pero él no tuvo valor a hundir su puño sobre mí porque yo estaba casada y en su cobardía presintió que si me ponía la mano encima, el hombre que vivía conmigo podría reaccionar y … es decir, que mi padre era un cobarde que sólo sabía aterrorizar y abusar de las mujeres y los niños indefensos. Algo que yo nunca haría. Pero aprendí de él a asustar a la gente y aquel día hasta él se asustó por mi manera de hacerme frente y no se sabe quien sintió más miedo de los dos y ante qué se sentía miedo realmente. Aquel día me había gritado como un loco porque eso es lo que es, un individuo sin razón y sin control, y yo con el tono muy bajo pero muy firme le dije: ‘A mí me respetas’. Es decir, a mí tenme miedo que voy a por ti. Y de eso tuvo miedo él, de que cumpliera lo que mis ojos prometían. Pero me dijo: Tía, tenía que haberte matado el día de la carne’. Y yo ni siquiera supe a qué se refería. Yo fui sumisa, fui sumisa durante muchos años de mi vida y seguí intentando introducirme en ese papel cambiando a mi padre por otros y a mi madre por otros. Pero de alguna manera tuve suerte y alguien me recordó una noche en un hotel en el que hubo vino que la ternura, la dulzura, el calor humano y la compañía de la razón eran algo posible y desde ese día volví a sentir fe en la vida y por eso hoy soy mucho más feliz y estoy mucho más cómoda y contenta conmigo. Porque he aprendido a alejarme de lo que no es Amor, aunque yo siempre he buscado el Amor de una manera desesperada y muy equivocada porque se me estaba olvidando lo que era Amor de tanto no saber reconocer qué lo era.

    (pero éVella, esta traducción ya sabes que sólo es una de las traducciones posibles)

  6. fiorella said, on marzo 8, 2009 at 12:13 pm

    Me gustó mucho lo de los tres tipos de felicidad. Quizás la definiciòn de respeto sea que mis derechos terminan donde comienzan los de los demás, mis lìmites y los de los otros.Pero, si desde muy niños el mensaje es que no hay derecho alguno que ejercer, que los límites tampoco existen y que en definitiva no valemos nada ni para nosotros mismos ni para los demás.Por que si hay derechos y lìmites son a los que tenemos que someternos y sofocar cualquier intento de tener los propios.Luego repetimos lo mismo en otros y también seguimos siendo abusados de alguna manera.La historia puede ser de nunca acabar, pero siempre hay un punto donde darse cuenta, cambiar en todo, nada es para siempre, si no queremos que sea asì,claro.Un beso

  7. Maria de Herem said, on marzo 8, 2009 at 1:41 pm

    Yo respeto al mar, es decir le tengo miedo porque lo conozco. Pero no respeto a ningún hombre porque no debo tenerle miedo. Siempre debo ser considerada con cualquiera. Pero las definiciones nos limitan y en ese sentido mi revisión del concepto respeto ya es definitiva. Y para las personas con las que estoy hablando… también comienza a serlo. Un beso.

  8. fiorella said, on marzo 8, 2009 at 2:30 pm

    Siempre debo ser considerada con cualquiera.
    Siento eso mismo. Las definiciones limitan claro, pero a veces son un punto de partida. A veces esto de la virtualidad resulta corto para explicarse.Un beso

  9. Maria de Herem said, on marzo 8, 2009 at 2:43 pm

    Tienes mucha razón en tus observaciones. Y a veces lo bueno de la virtualidad es que no impone cortapisas. Te deseo una buena tarde Fiorella, como siempre… Suelo visitarte aunque todavía estoy muy silenciosa. Te siento amiga. Dalo por hecho. Dame tiempo para darlo por hecho yo. Un beso .~)

  10. [...] me entero por mis hermanos de algo pues según me apetezca, pero te aseguro que me tratan con más respeto* porque eso también comienza por uno mismo. Un abrazo Mari [...]

  11. [...] Y entonces ya me duele; otra vez lo inevitable; aunque él no entienda bien el concepto de Compasión y no haya hecho la digestión al Respeto… [...]


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