Herem

No era aquel Lisboa ni la Noche…

Posted in Poético by Maria de Herem on septiembre 23, 2006

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<<Tu cama, la cama de quien no existe todavía… mis huesos…>>

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… Hoy no es hoy pero hoy son rescoldos. Mujeres en Lisboa vociferando a los penitentes. Dice Saramago que Lisboa huele a podrido pero que el alma se salva de lo fétido gracias al incensario y al incienso. Mujeres en los balcones de Lisboa advirtiendo las cintas de colores y la falsedad en los vergarazos. Mujeres en Lisboa azuzando como si fuera de madera con fuego la saña sangrienta. No hay escapularios. Hay goznes y patíbulos de amor. Hay lujuria de hambre de cuerpos que no ocurren en tálamos maritales sino en iglesias, en confesionarios, en callejones cómplices y estrechos… Sobremesa a la sombra menguada del ciruelo. Fascinada por este tramo de la novela. De repente una algarabía. Desconcertada por la hora (se me hace rara para el fútbol) hombres en todos los bares de los alrededores de la plaza y el parque, gargantas como cencerros, eso pienso, gritos, aplausos. Y unos niños que surgen alzando los brazos y vitoreando por una puerta. ¡España! ¡ ¡España! España llegó a la final. No sé de que hablan y prejuzgo que no me interesa. Es que apenas nada que no sea universal me interesa. Aunque ahora sí, Saramago y Lisboa y esos huesos… . Lisboa huele a frailes y a secreto. Entonces leo ese pasaje de Blimunda y subrayo. Pues eso es precisamente lo que yo quiero: Mirarte por Dentro. Blimunda era virgen, y el soldado manco. La madre ocho años en Angola, un destierro, partiendo. Se acostaron. Más tarde, al cobijo de la penumbra de este estudio. Septiembre, inicios, en mi norte huele a polvo de caminos en polvareda y a abandono de perros. Ruedas sobre los raíles de agosto. Ruedas itinerantes. Wheel de fortuna. Urge el viento, ruge sordo, alborota mi cabello. Y me gusta como se escucha ese porno filmado en blanco y negro. La película es franco-italiana. Como en ‘Milou en mayo‘ pero no hay enjambre bajo el que estarse quieto ni hacendosas abejas de estroncio mineral y mica eruptiva que me conecten con la emoción o los sueños. Es otro tipo de revolución. Aunque la imaginación aquí también se rebela y vela. Hay escenas y hay una que sólo está siendo un agujero oscuro. Ese mismo por el que a mí muy de vez en cuando me llama obsceno a introducir la lengua. Pero eso sólo depende del Amante, de la lascivia incontinente que me enerve sobre él. Y es sólo entonces cuando echo de menos el golpear rítmico de aquellos testículos sobre mi clítoris en abril. Es que entonces me parecieron inmensos como una lluvia de oro pero casi seguro que no lo eran. En cosas como esas se traduce el pasado reciente. Luego él desaparecería como lamido por las aguas de un mar rojo. Pero de hecho más que nada era evanescente. El hombre con las horas contadas supo dar con la palabra justa en aquella habitación… Y su amatista reposa ahora sobre una drusa. Pero luego ira a parar a la arena. La enterraré en una pecera entre granos de sonora cuarcita si es que la encuentro. Ya tan distante de aquel bazar mágico de santos, cilios, y crisantemos negros. No era el Amor. Era sólo el sexo lo que echaba de menos. Y tal vez sus profundos ojos marrones cuando su boca guardaba silencio o no hablaba de Ella.

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