Herem

El Cortázar de una vida

Posted in CORTÁZAR by Maria de Herem on enero 6, 2007

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‘Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos’

– RAYUELA –

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http://www.youtube.com/watch?v=QTzdpSvoE1U

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A los seis años el padre de éste grandísimo Cronopio desapareció de casa y él nunca volvió a verlo.

Como niño era guapo, una preciosidad, una dulzura… ahí con su gorro de cosaco y su flequillo.

Como hombre tal vez… pero grande.

¿Cuántas veces ‘tuniña’ jugó sola con su Rayuela?
Del cielo al infierno. Del infierno al Cielo.

Música de tango. Demasiados créditos. El principio es hermoso. No te haces ni idea de cuánto… Se lee, se escucha, se acompaña

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http://www.youtube.com/watch?v=C9_qAPEu_B0

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A los 8 años leía demasiado. Tanto que no quería ver el sol. Leía y escribía y un médico le recomendó a su madre que le quitara los libros… Supondrían que como a ese otro loco, le estaban secando el cerebro…

Yo también leía demasiado.
Y el único regalo que le pedía a mi tío eran libros. Después de la guitarra fatídica siempre libros hasta que llegó aquello de la nevera…

Se saca un título de hombre orquesta. En el 39. Enseñanza en provincias. Hasta que llegó Perón. Y aquella foto de Evita que tenía que figurar en la oficina…

Entonces se va y en esas cintas que se graba para escuchar como suena lo que escribe… primera novela a los 9 años… muy trágico, el amor fatal… ese que siempre tiene que acabar con la muerte… poemas a las niñas con trencitas…

Cortazar dice que tiene muy mal gusto sentimental.
Yo supongo que también.

Y en esas grabaciones se da cuenta de lo mal que suena su español si lo examinara cualquier foniatra.

A los cuatro o cinco meses … la madre que también es sensible… se compadece de él y le devuelve sus libros.

Vuelve a ser lector. Más comedido. O no tanto. Para parecerlo.

Lo importante que siempre es convencer a los demás de que estás cuidándote como ellos quieren aunque sea mentira.

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http://www.youtube.com/watch?v=71-rEgxE26M

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No sabía mirar hacia arriba. Si hubiera sabido para él hubiera sido más fácil. Será porque en las camas de los hospitales no crecen las briznas de hierba y las amapolas. No vienes tú y me miras ladeado sonriendo, apoyado feliz sobre tu codo y tu brazo, por la cara que yo pongo mientras se reflejan pareidolias tuyas en las nubes. Eso que me enamora en las tardes insomnes… Esta tarde contigo. Aunque con él. No es un tramite. Es una búsqueda.

Cuando la tos cesa y se duerme, y no se sueña con esa pelea, qué dura pelea, lo que dejó la tristeza, ni ganas de golpear… no importa que no esté la hermanita, y que no te de las sopas o se escuche la radio.

La madre sufría pero aquellos cinco pesos… de los 20 que fueron y el patrón…
Y le curaba las muñecas con agua de azahar.
Todo cuidados. La única.
¿Pero quién era la Otra? La que no…

La poesía de la enfermedad. Desde el suplicio de una cama de hospital. No sé si en Nueva York

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http://www.youtube.com/watch?v=dFUIf2-DM1g

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Aquí está al final tu cello, como tu cuerpo, como tu cuello y se habla de hermanos. Qué suerte la tuya, que lo tienes y caminas detrás de sus pasos, que se te iluminan los ojos cundo lo cuentas, que te tuvo delante para iluminar los suyos. Hermanos que se aman. Aunque no se vean. Aunque no corra la sangre por las mismas venas. Hermanos de ideología o hermanos de sí. La estrella de aquel era la libertad. La tuya… ¿cuál es la tuya?

Me gustaría hablarte como le habla la Maga a Rocamadour. Como la hizo él escribirle. A lo mejor era mala. Ella pensaba que un día ese niño la comprendería. El niño que estaba lejos. Como tú de mí. No sé, aquí no hay ningún Horacio que me haga el amor cuando pienso en ti y me calle los estragos que grita el cerebro y no pronuncia la boca por miedo a morir.

Hubo Cuba. Hubo un enterarse el mundo del mundo. Hubo batallas en las calles de las que él dijo que eran como hacer el amor. Amantes dialogantes en anfiteatros. Fuego y carreras en las barricadas. Era la revolución. Y hubo un descubrimiento muy importante. Que mientras se persigue escribir algo que huye de la realidad cotidiana y se escribe desde el aquí y el ahora, desde el de mí y para ti… se encuentra uno con el hallazgo más grande, que se escribió para otros, con los que no se contaba. La siguiente generación.

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http://www.youtube.com/watch?v=Z6-xkeuMLnk

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Yo viví de una forma parecida a la que él dice. Con las fotografías casi superpuestas de tu pared. No vi a Dillinguer, ni me trasladé 30 años atrás. Al contrario fui hacia adelante. Como si el miedo no existiera. Como si apartándome de él pudiera conjurar todo el mal. Pero me fui directa a tus cariños. Esos recónditos. Inimaginables en tus manos pero sí. Entre ratas de laboratorio y pasillos surcados por algo fugaz y tremendo de ti. Qué vulnerable me pareciste entonces. Que inexpugnable interior. ¡Qué contradicciones esbozadas en un cóctel de fármacos! Yo que comencé mi carrera delictiva o de poeta golpeando gritos anónimos disfrazados con nombres de literatura de ese continente, pero podían haber sido por qué no, tomates, cuando ya todos confiabamos en aquel Uruguayo que nos regaló ese rico olor a campo de su sueño en el cuerpo de ella. Avellaneda. Esa horma que se hacía un hueco en su pecho para que le calaran los sentimientos. Con lo difícil que es que llueva dentro. Yo que salía a las seis de la mañana camuflada y con vendavales hostiles, porque se hacía el invierno, a pegar mi poesía anónima sobre esas otras poesías que embellece el tiempo. A figurar entre chinos cerrados, entre ferreterías abandonas de casco antiguo, entre neones confusos. Multitud de carteles con mi historia, que luego veía como una paseante más pero regozijada, mientras algunos rostros se detenían en aquellos relatos, intrigados, por mi yo enigmática y curiosa. Tengo la sensación, ¿entiendes? de que amar me fue madurando. Literariamente no. Madurando el alma, el entendimiento, amar con esos primeros carteles que fueron una página de diario, una primera y luego miles de cuartillas atropelladas después de aquel eclipse del fin de siglo, y estoy como él de acuerdo en que la literatura es un azar. Primero un Borges y luego algo que quieren vendernos los listos de los editores, que siempre están al acecho, con sus mercados editoriales y su política del baby boom. Entonces, ¿oh? Este continente entero nos lee. Pero yo, y él, y aquel otro fuimos creando lo nuestro en soledad, en la miseria, perdiéndonos en ciudades extranjeras y encontrándolo todo, casi sin querer, por esas ganas inmensas, angustias casi feroces, que había de dar con ello. ¿Ves? Hasta la literatura de los grandes personajes coetaneos fue azar pero azar que cosecha… no azar que se puso de acuerdo, que acordó ser.

Rostros de ángeles. Los ángeles con hambre que no puedes ni debes perderte aquí. ¿Qué significan 30 francos? Para que el mundo sienta. Porque a eso es a lo que llaman sentimiento la mayoría. ¡Oh nos conmovemos! El puto Kistch de nuevo. No, no se me va a olvidar Kundera. Pero no sé si saben que por 30 francos, ni por 300, ni por 3 millones, ni por 300. 000 podrían comprarse lo que tuve yo contigo en unas horas. Por quererlo, por pedírtelo, por no desistir. Porque todo esto es mucho más grande que el reloj que tú me enviaste de regalo. Pero estoy segura de que nace de la misma sed. Y hay un Symposio, que tengo pendiente. Para que veas que yo no olvido. Y que siempre voy en aumentativo. Para que tú puedas detenerlo cuando quieras. Y entonces hacemos una parada y escuchamos a Nacha Guevara cantando aquello de ‘la construcción’, como si fuera un sábado y te dueles. O me callo yo y la dejo que me cuente la historia de la niña de Guatemala. Una y otra vez. O no, o me detengo.

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http://www.youtube.com/watch?v=Kb9Ty7UR7t0

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… y fíjate, ayer mismo saqué yo a colación a Delvaux. ¿Dónde crees que está mi estación de tren? La del vestido blanco entre carbones. La de la alfombra roja en que estoy desnuda y el vello púbico se tiñe de rubio que espera que tú lamas. Y te llamo con esa palmatoria que me alumbra. Imaginate ahora. Tu lengua manchada de sangre. La noche, el día, como deambulante a mí me son indiferentes. No sabes todavía que antes de aquel bar al que te llevé, ¿recuerdas? La mañana en Gijón. Donde te decía que estabas seguro conmigo, que sintieras lo que sintieras por mí lo estabas. Hubo un colegio, y un teléfono que anoté después de contemplar algo tan surrealista, como el privilegio de todos aquellos ancianos bañándose en el mar de diciembre.

Comí sola en un restaurante italiano. Seguí hablándote y escribiendo en el Moleskine barato que me compré para la ocasión.

No viajé en metro. Pero yo puedo perderme en cualquier parte. Las maniquies del Moma se me aparecen como espectros entre tus besos. Y hay vegetales, sí. Y encinas…

Escúchale y también sabes de mí… de lo que son mis viajes cuando me voy.

Y al principio estuvimos en Chacarita. Imaginé que me follabas ardiente sobre la tumba de Gardel y que nos alumbraba la luna. Pero podría servirme también ese farol en el Ponte Neuf. Y luego nos lanzamos a una de esas barcazas y las abordamos. Nos lanzamos al abordaje uno del otro. Y yo te meso el cabello cuando hemos dejado de remar. Y el exilio, lo que dice del exilio cultural es algo en lo que sé que tú y yo estamos de acuerdo. Lo peor el sol. A ti te llama. A mí me aleja. A lo mejor tiene razón, soy una paseante nocturna. A lo mejor tampoco es así. Y me bastan las sombras que me asilan en las callejuelas estrechas, en las que siempre voy a dar con alguna bendita iglesia

22 millones son muchos millones. Sin ellos, sin sus científicos, sin sus poetas. Y no, no hay vanidad. Y fíjate…

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http://www.youtube.com/watch?v=Ajt1fFNc9ag

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Y quiero morir como esas gotas. Que me despidas con esa tristeza que no es tristeza suicida. Aniquilándome desde una ventana. Siendo gota o copo de nieve o suspiro. ¿Qué importa eso? Sólo aquello que te conté. No como Violeta Parra.

Llovía en aquel viaje a donde te llevaste a nuestro Saramago. Imagino tus ojos azules percibiendo los paisajes y a las gentes con esa tranquilidad diafana. Me acurruco en la cama y espero que vuelvas y me cuentes lo que no imaginaron tus pupilas, lo que sentiste en cada página que te estremecía. ¿Dónde se amaron por primera vez Baltasar y Blimunda? ¿Ya fue en el aeropuerto? ¿Era un hotel o una cabañita? ¿Con quién viajaste? ¿Había ya ese nombre del estar tan a gusto? ¿del dejarse y del regresar? Yo creo que cuando se regresa es porque se desconoce el alcance. Tú dijiste que no pero mi alma escuchó un sí pequeño como un disparo. La Ama. Aún así quise quedarme como si nunca fuera a importarme. Esperando por un centenar de besos tuyos en mis pestañas dormidas que no se espesan más porque no son espesas.

Hay una galería. Otro pasaje. Así comienza. Yo creo que son puestos de libros, que cada uno recorrería por su propio pie. A su ritmo. No me imagino caminando cogida de tu mano todo el rato; como si yo no fuera inquieta, como si no tuviera inquietudes propias.

Y mira, de Nicaragua conocí porteadores, de luchas. Pero nunca me hablaron con tanta belleza de espíritu. Sí, de mujeres que no nacen con pelo en las piernas y que idolatran lo europeo como si tener vellos fuera una victoria y no una jodida maldición. Las puertas del país están abiertas. Y sin embargo no se menciona a los sandinistas, ¿o sí? Vas a ver autobuses y sonrisas. Vas a ver lo que quieras ver.

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http://www.youtube.com/watch?v=EwRJGlJiojI

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Me acabo de caer del guindo o de un cocotero. Cual esperanza ante fama. Como una pendeja. Sí, seguro que todas las bibliotecarias lo somos. Porque si a mí me das a elegir un oficio. Desde hace tiempo te diría ese.

A veces, yo te contaré… el ocho puede ser fatídico. Como ahora aquí. Aunque no me hagas ningún caso. Ya tengo la regla. Por eso tanto derroche de emocionalidad desde ayer a la madrugada. Y no me escribas. ¿No ves que cuando lo haces no me contengo y me dilapido y te saturo de todo?

La sospecha comenzó mientras él hablaba de su osita.Quiero mirarte así. O quiero poder mirar a alguien. Carol no sé qué, algo que empezaba con D y terminaba en P. en su lápida. Será que me atraen los cementerios. Pero entre todas esas imagenes alguien dejó que se colara una irreverente. Yo quiero ser esa.

Yo quiero un amor como ese. Quiero el amor de pareja. Perpetuo. Para escribir juntos. Aunque lo tenga que acabar yo sola. Aunque alguien lo tenga que acabar sin mí. De las luchas comunes. De los dibujitos infantiles en la pared. Por eso si tu eres una fama y me recogiste del suelo cuando me caí del cocotero… supe que el amor que yo quiero lo quiero de un cronopio.

Te contaré algo. Una vez estuve en una cama. Con un antifaz. Trece horas. Ya sabes. Aquel día que repetí y repetí y también el día que marqué su número de teléfono, el del otro, el del importante, como Ana, la puta uruguaya de ‘el lado oscuro del corazón’, para espantarlo o no… sólo los cronopios persiguen las babas del diablo. Tú eres una baba del diablo. Tú lo fuiste. Únicamente tú… pero en su contestador de voz. Fue la primera vez. Pues bien, el tío gordo, gordo por lo pesado que era en todos los sentidos, muy grecorromano él, pero disfrazado de pordiosero en la India, donde una vieja más mendiga le regaló o le vendió agua, que se sentó sobre mi culo… me leyó un cuento de cronopios, porque dijo que estaba seguro de que yo lo era. Pero yo no estoy segura de nada. No en esto. Por eso te digo que si me ves gimotear porque no puedo anudarme el cordón del zapato… quiero que tú lo seas. Cronopio que no se detiene y pasa de largo. Me volveré a caer del cocotero la semana que viene y si no la próxima. Y no quiero ser una esperanza. Ni quiero en el fondo que tú lo seas. Si lo eres y luego resulta que no lo eres… me detendré mucho tiempo y así no voy a encontrar a mi pareja. A lo mejor no la encuentro nunca. Pero sé que la quiero.

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http://www.youtube.com/watch?v=Z85a6A3X2Go

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Este es el fragmento 9 del documental biográfico que Tristán Bauer, con co-guión de Carolina Scaglione, dirigió en 1994 sobre la Vida de Julio Cortazar.

Yo lo que he hecho es visionar los 8 fragmentos anteriores y construir con ellos algo. Es que me acordé de aquel reloj que un mediodía me regalaste. Creo que fue al mediodía. Pero no recuerdo si pudo ser en algún atardecer de aquellos que hubo y donde existías después de las siete de la tarde…

Y lo que me gustaría es que alguien se atreviera a hacer lo mismo o cosa semejante con éste… yo no quiero. Porque de momento el negro no me inspira, como no me inspira la Muerte.

Además su comienzo, en contraposición a todo, dice:

‘Este último texto, creo que no necesita comentario. En todo caso no es un adiós entre el que habla y los que lo escuchan. Sino todo lo contrario, una voluntad de seguir estando ahí. Cerca, esperando, ayudando a la Esperanza, con todo lo que se tiene…’

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Una respuesta

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  1. […] (Italia, en mi cuaderno) visitó a Oliveira en su piso y Manu lo supo… El mate y el tablón fueron una excusa, y el deseo se acompañó […]


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