Herem

– Tres palabras o más que eso –

Posted in HEREM, Oído by Maria de Herem on junio 18, 2007

POEMA LVII
<<No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando>>.

– Dulce María Loynaz –

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ella-subiendo-las-escaleras
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Aún no sé como conjugarlo pero ella, una, pasa en Madrid el día 9 de este mes. Yo le pido, antes de irse, que me traiga de regreso, 3 palabras de ese viaje. Vuelve habiéndolo olvidado pero cuando le pregunto dice: Energía, miedo, Vivir.

Lo siguiente sucede el sábado. Otra. Cuando recibe mi mensaje de auxilio encubierto Responde desde un aeropuerto, el de Granada. Por fin. Algo humano después de tanto forzoso horror… Lo mismo. Las mismas palabras: Enamorada, ilusionada y melancólica. Estados de ánimo

Yo hoy. Le digo a la primera, que ya se ha olvidado hasta de lo que me dijo, que no entiendo por qué tiene tantos problemas para construirse un termómetro de sensaciones puesto que… No comprende. Yo digo: abanico, vela, libro. ¿Qué es eso? Mis palabras. Ella dice: No comprendo como puedes ser tan simple y a la vez tan retorcida. Y a mí no me gusta el matiz de implicación que se puede desprender de ese ”concepto”. Entonces le matizo. Te parecen simples porque son lo que tengo delante de mis ojos en este momento, y tú no las estás mirando. Era cierto. Las palabras lo abarcaban todo. No me las estoy inventando, no las estoy pensando, era lo que podía decirse que más llamaba mi atención. El gigantesco abanico chino que estampa el argumento de esta pared ante la que me encuentro. La luz de la vela que ilumina mis penumbras, ese primer libro de la España mágica que querré leer, y que he situado justo ahí para que custodie mis futuras intenciones… Pero es que no entiendo como siendo tan simple siempre llegas de esa forma a la verdad, dice. Porque la verdad es probable que sea simple; otra cosa es que equivocadamente nos neguemos a aceptarla tan sencilla como pueda llegar a ser… Ahora te diré tres de mis palabras de Madrid: rosa, poblado, saliva. Y por qué no. Las mismas que tú me dijiste. Y por qué no… Esas mismas que volaron hasta mí. Y sin embargo dos de las mías se albergan en esa ciudad invisible que tiene nombre ,como todas, de mujer y que tú no conoces. ¿Y la otra? – me preguntarás. La otra es mi tatuaje.

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