Herem

El infierno de Minamata

Posted in Poético by Maria de Herem on enero 16, 2008

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‘El amor está sentado en el cráneo de la humanidad’

‘Las flores del mal’, Charles Baudelaire

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W. EUGENE. SMITH

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Cuando era pequeña una de las cosas que más me gustaba en el mundo era jugar con el mercurio.

A la VozInterior siempre hay que hacerle caso, me dice lo que está escrito en los Ojos de Namibia. Y a las abuelas también. Sabina diría muchos años más tarde: ¡Qué dolor! ¡Qué dolor! Contemplando el baño de Tomoko Emura. Pero yo no le hacía ningún caso a Sabina cuando jugaba con el mercurio.

– Parece que no tienes mayor afición que esperar a que se rompa el termómetro…

Y en ocasiones, confieso que los rompía yo, a propósito. Para mí el mercurio entonces era un tesoro, nada sabía de aquella de psicopompos, funciones trascendentes y mucho menos de venenos. El misterio del mercurio, para mí, residía en su manera de desvanecerse, de menguar y daba igual lo mucho que lo cuidase. Siempre se volatilizaba como el Amor que tal vez he llegado a conocer…

El enloquecimiento de los gatos fue la primera señal. Se arrojaban al agua. Luego les siguieron las aves, los cerdos, los perros… La Chisso Corporation había estado liberando compuestos derivados del mercurio y pronto el afectado fue el hombre que consumía el pescado del mar. Lo de la bahía de Minamata fue una epidemía. Muchos enfermaron al sur del Japón. Muchos en la costa del Mar de Yatsushiro sufrieron por ese Mal. Tomoku caminaba a la espalda de su madre. No tenía piernas que la sostuvieran. Y ni toda la ternura del vientre de la madre podía remediar la tragedia que se había gestado en su matriz.

La VozInterior es sagrada. No hay mística más oscura que esa en mí.

Una respuesta

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  1. Los ojos de Namibia « Herem said, on enero 16, 2009 at 4:03 pm

    […] en la escalera. Esos huyen despavoridos, enfermos de miedo; como si estuvieran enloquecidos por el envenenamiento del mercurio en su sangre; y corren a esconderse salvajes y desgarradores detrás de los armarios, arañando las cortinas […]


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