Herem

Giger oculto entre el mar de los Sargazos

Posted in Poético by Maria de Herem on enero 16, 2008

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”’Todo es perfecto. Estar encerrado en un pequeño cuarto de hotel, estar herido, tirado e impotente, mientras afuera cae la lluvia dulce, inesperada”’

– Blanca Varela –

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Había planes. O planos. Iba a ser como la búsqueda febril de un tesoro secreto. Te planteabas así. Circunscrito a un enigma. Adosado, como ese chalet de nuestros sueños tempranos, en el que envejecemos y nuestros hijos viven tan lejos de los abrazos, como en la pared contigua. Tal vez no los tuyos, seguro que no. Y llegué a ella buscándote entre el francés y la gramática oscura… Martha o Marthe, un nombre repentino, de amante-refugio, escrito en un criptograma que dejó oculto un poeta cobarde y solitario como tú; tal vez hasta para que yo te encontrase, tal vez con cualquier excusa; aquel antecedente de poeta maldito, que hace siglos, ya, se reía de nosotros o contigo, con carcajadas bellísimas, semejantes a aquellas tuyas que reíste frente a mí o conmigo; un poeta que bailó sus versos a la sombra de la higuera y los balanceó, germinales, desde la cuerda de dos varas de un patíbulo, como si hubieran nacido bajo la constelación de un carnero de cuernos-espirales.

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giger

Giger

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Y tú, una mandrágora ( puede que Crahe, Sabina y Pérez, cantando ‘un burdo rumor’ o ‘Pongamos que hablo de Madrid’), para mis ojos inmensos y abiertos con esa mirada fija que provoca el fruto solanáceo de la atropa belladona. Embellecidos o que, vete tú a saber si constelados por el llanto de la madrugada risueña, te embellecían…

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Y es que había planes inmensos. Yo los veía así. Como guaridas y confines infinitos, que íbamos a recorrer juntos, y a guarecer, investigar, reanudar, postergar, y repoblar de mariposas dúctiles como barro y efigies.

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A veces hubo guadañas. Algunos días. Ánforas y lágrimas. Yo bañada como un Tirreno, y un Jónico de júbilo, otras veces (ha vuelto a suceder) y auroras boreales, más allá de las que te enviaba a tu correo, entre besos prófugos y clamores, o candores, y atrapadas en una fotografía.

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O tú, también capturado, con tus labios sabrosos como gruesos gajos de naranja y tu oído-pendiente, de acreditado insumiso, ese que te quitas en los juicios importantes y que a mi lengua le gusto tanto, tanto, que te tatuó garabatos fabricados con saliva… y luego fue un día que al miedo le nació un rostro. Ya te hablaré de ese día de células de epitelios labiales y dedos índices. Sí, de ese día… Una llamada perdida tuya.. Andaba distraída u ocupada, como la otra tarde . Pero luego hubo una de regreso mía, y hablamos sobre el pavimento, como otras veces cruzamos mensajes con sabor a hormigón o a rueda torva de autobús. ¿A dónde te envío la primavera… y otra vez la primavera? -dijiste. ¿Existe una dirección? Claro que la había, para ti sí.

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Pero yo no quería eso. Quería museos. Acertar a tu lado vidas no vividas, por los rostros inexpresivos que pintó algún pintor renacentista. O escucharte repetir en la esquina más silenciosa de un restaurante cualquiera: ‘Ella no me quería’, y pensar que a pesar de ello tu corazón no permanecería eternamente cerrado por derribo.

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Y luego llegaron los acuses de recibo anónimos y una caída de un guindo. Se me cayó un toro encima o el alma a los pies, y no hice otra cosa que callarme… y más tarde, yo que me reía, otra vez, pero porque soplaba un veneno viento que bebía, ese que ahora duele y que bebo a solas. En este margen fraudulento de la comunicación. Y donde ese ancho mar de los Sargazos que me mostró Jean Rhys me tortura..

”’Le quiere mucho, mucho. Está sedienta de usted. Dice que la ame un poco. Es cuanto usted puede amar, un poco”’

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Había una rosa cárdena. O cardenales. Iba a ser como la búsqueda febril de un tesoro secreto. Te planteabas así. Circunscrito a un enigma. Adosado, a una ausencia no fechada, y yo no hago más que auscultar, con ese fonendoscopio, que te robé precisamente a ti y que me saco del bolsillo, la cerradura de las puertas de ese viejo cine, donde el hermano de aquel abuelo, jefe de cabina, proyectaba sus películas… pero permanecen cerradas a cal y canto, como si pertenecieran a un cerebro isquémico y por eso hubieran olvidado que deben abrirse a la voz de abracadabra; olvidado, a pesar de la flor del nomeolvides.

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Una respuesta

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  1. Adriano said, on agosto 13, 2009 at 2:13 am

    Puerto Vallarta, Ciudad, Miércoles 12 de Agosto del 2009.

    Señores, Amigos, Artistas:
    Me gustó mucho el texto y la ilustración de Giger en una fusión acertada. No sé realmenta nada de ustedes, pero mucho me gustaría que pudiéramos intercambiar puntos de vista sobre el arte, específicamente, espero si así lo desean, espero su contestación, gracias…

    Lic. Adriano Herrera Álvarez


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