Herem

Cuadros de Hokusai con fondo triste

Posted in Poético by Maria de Herem on agosto 14, 2008
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A veces me parece que transcurren siglos entre dos amaneceres…
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Me he imaginado que cobijas mi cabeza con un cesto de juncos tejidos formando espacios abiertos por el que se nos escaparían los granos de arroz; con cuidado, como si así pudieras evitar que mi infinita melancolía no fuera a ahogarme con la ayuda de la lluvia del monzón. Es verano en un mañana de brumas y de aguacero; la bruma pesa como una empalizada, como me imaginé que sería Palenque hace años, y la lluvia nos empapa; quizá lleve días lloviendo entre la exuberante vegetación de las montañas que rodean la Charca Jusan.

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Y yo, bajo los juncos tejidos, balanceando las piernas, sobre el quejido del agua, pienso en el croar de las ranas que habitan el Delta del Ebro y en como Diego le dijo a esa mujer sin nombre, que adoraba el delta de su bajo vientre. Por eso muerdo con mi boca, antes de que ocurra el delirio de la noche, entre el olor dulzón de los limos y los acres de las algas, los pétalos aterciopelados de una amapola…

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Eso es lo que me enferma y pienso más que medito, sentada bajo el pez cimbreante de la campana (tú todavía no has empujado al Animal de piedra para que yo pueda permanecer bajo techo, sentada), que aún sufro, en los bordes desnudos de la madera de un monasterio que reposa y refleja su reflejo impávido sobre el espejo de las aguas. Y contemplo como árboles con más de 300 años emergen, sobreviven y dan fruto en dos mundos distintos y paralelos, como si vivieran justo en esa frontera por la que tú y yo deseamos atravesar.

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Buscas mi sexo bajo la manta. Primero me cubres con una manta y luego buscas mi sexo a tientas. Sientes curiosidad por las diferencias. Nunca has visto a una mujer desnuda de verdad pero no me cuentas a cuantas has visto ya volar. Quieres hacerme creer que soy una oropéndola o un águila.


La niña solía decirme que creía que era un ángel porque no pesaba, porque mi cuerpo le parecía leve como si fuera el de una mujer etérea.

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Entonces te grito. Es el horror. No sé volar, te digo. Y te has ganado una bofetada pero luego, no sé por qué aún, acaricio tu hombro mientras le rezas temeroso al ciervo, y paseas sobre el lago mi languidez de sándalo.

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Bebo un remedio de hojas lanceoladas macerado con amor delante de un barca pintada sobre la cresta de unas olas palpitantes de espumas, y te recuerdo lejanamente planeando sobre una Sri-Lanka sacudida por el estupor y el fango, y comentando algo, a pesar de ello, sobre la belleza de los instantes…

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Te asomas por el hombro de Buda y contemplas el paisaje. Así, detenido sobre lo inefable. Acabamos de estallar en la zona oscura del canto del gallo. Traspasamos las puertas del libre albedrío. Tú me arrastrabas pero era sólo una apariencia, fue lo que elegimos los dos: saciar esa curiosidad. Eran puertas que acataban mundos, disciplinas morales. Dio lo mismo. Ni las serpientes quisieron impedirlo. Tú te volviste loco, te habías olvidado de la maldición de la piedra atada a tu espalda y me arrojaste con un gesto temerario a la danza de las aguas. Luego de remar, sólo sé que estabas entre mis piernas y tu cuerpo me empujaba contra las fauces grises de la ladera hambrienta. Y nos dormimos así, después de amarnos, y hasta que fuimos sorprendidos por él…

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Estoy soñando despierta, un sueño milenario, mientras miro tu rostro en la noche. Y despareces tras la puerta. Quisiera haber podido comprar un ramillete de cospor en un mercado de París tras haber sorbido el zumo de una naranja exprimida por tu mano, pero no sé qué tipo de planta es el cospor. Me la imagino aromática. Y descubro que aquella vez no hice otra cosa que citarte en mi casa a la hora conveniente para fingirte tras las paredes de plata (paredes que fueran disparos de plata) el sonido de mi placer. Entonces… no pude soportarlo.

Fdo: ‘una mujer’ (pero con tinta china y usando para ello la cola de un gato)

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* El artista en las imágenes Katsushika Hokusai

Una respuesta

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  1. Claudio said, on marzo 26, 2010 at 8:18 pm

    QUE HERMOSO, POETISA


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