Herem

El instante del río Deva o de la ría de Tina Mayor (Unquera, frontera entre Asturias y Cantabria)

Posted in INSTANTES by Maria de Herem on septiembre 15, 2008

Para ti

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A Lucía la conocí en un puente que atravesaba un río del que tampoco sabía el nombre.

Habíamos estacionado en Unquera para tomarnos un café. Él dijo que había que probar la leche de Santander, que era distinta a todas. A mí como no me gusta ninguna que provenga de las ubres de nada… Nos habíamos visto por última vez el día que descubrí la isla de Deva, y lo de enamorarme de ella me resultó irremediable. Así que cuando vi el letrero con Unquera…. pensé en las corbatas y dije: Pues a mí lo que me apetece probar es eso. Aquí. Punto. Detente ya. Es que si no… es probable que un dubitativo no se detenga ni allá ni acá.

E iba a ser allí mismo, en la confitería frente a la que aparcó pero los martes cerraba. Una viejecita con pelo de pájaro, otra como aquella, renqueaba en nuestra dirección. Y entonces vi la cafetería que tenía que ser. Donde haya una Deva… allá querré ir yo.

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Desde el baño le robé un instante a una gaviota. El desayuno corrió de mi cuenta. Porque la cena ya habíamos quedado en que la pagaba él: sardinas y ensalada. Pero los bocatas del mediodía… cada uno se preparó lo suyo a la salida de la Casa. Hambre no había, así que más que corbata comí almendra y escarcha. Si es que a veces tengo más hambre por los ojos que por nada. El dulce es lo mío. Lo suyo lo soso. En muchos sentidos nos compenetramos y ni una migaja del hojaldre quedó en el plato. Somos bastante iguales en lo importante. Y por eso somos amigos, solamente amigos, o sobre todo; ahora, lo intentamos.

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Le pedí unos minutos a solas para sentirme a mis anchas con el río. Disparé alguna bala certera hasta llegar a la frontera. Y allí al darme la vuelta lo que vi me causó asombro. No sé por qué pero lo causaba. Cientos o mil muiles estaban agrupados en torno a una rama. Y a Lucía la conocí ahí, en ese preciso instante. Lucía, que como habrás adivinado ejerció de mariposa, y que tenía tan sólo seis años y unos ojos tan atónitos como los míos pero que estuvo segura de que eran muiles y yo, para certezas, tuve que beber de sus saludables aguas.

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El padre -un hombre agradable- dijo que aquello sucedía por la bajamar. Pero sucedía justo en la frontera. Como si los mismos peces se sintieran fronterizos o como si una fuerza magnética los congregase. ¿Un pilar hundiéndose en la tierra supondrá alguna forma de centro de gravedad? ¿Y si eso es irresistiblemente húmedo? o ¿y si una rama puede convertirse en morada?

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Ellos eran de Burgos, los tres, que también había un hermano, otro niño pequeño pero no tanto… y ese quería volverse a casa a por la caña para pescarlos.

– Por Burgos voy a pasar yo cuando haga el Camino -dije.
– ¿Ah sí? ¿el Camino de Santiago?
– Sí.

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Él puso esa cara como de respeto que he comprobado que el Camino nos inspira a la mayoría. ¿Por qué será? En mi caso la idea llegó cuando sentí lo que era morir de asfixia en las horas de la Bajamar. Y sin embargo… no andaré por él como una huida. Yo si algún día peregrino… peregrino por la plenitud del alma, en las horas de mi Pleamar.

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El Camino de Santiago y Puente la Reina… es de las pocas cosas que recuerdo haber estudiado en los libros de texto del colegio. Eso y la célula, el canon renacentista y la tabla de multiplicar.

– ¿Y qué río es éste? -dijo la que siempre ha sido ignorante de todas las geografías.
– El Deva -fue su respuesta.

Imagínate entonces cómo me sentí.

Amé los picos de Europa. Todo el trayecto los venía amando, mientras en una pequeña libreta tomaba mis notas y me preguntaba qué huella honda no habrían dejado en mí, desde mi porosa e impresionable infancia. Pensé sí, que mi devoción por la montaña tiene que proceder de ese recuerdo, de aquel viaje a unas cuevas, o de aquel otro a San Vicente de la Barquera. Pero sólo te lo apunto a nivel anecdótico, en espíritu ese viaje lo hacía contigo. Ya sabes, la orogenia del amor y sus plegamientos… y Deva, el río, era como otro destello. E incluso Lucía formaba parte de la magia.

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Sonrisas de despedida y buenos deseos. Lo único que te apetece tener para con la gente entrañable.

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Ahora, algunos datos:

El Deva nace en esos mismos Picos de Europa, en el circo de Fuente Dé, impregnado de los sones del carabó de una leyenda de anjanas, y en sus 62 kilómetros de recorrido baña pueblos e Historia, para ir a desembocar en Unquera, en la ría de Tina Mayor, y servir así de división natural a Asturias y Cantabria. Pero para enterarte de todo ello, lo mejor sería, que leyeses lo mismo que he leído hace unos instantes yo. Enlace muy recomendable. Ganas te digo que tengo de hacer la ruta del Cares, afluente del Deva… atravesando su garganta divina y dejando el vértigo de otros desfiladeros a mis espaldas.

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frontera-de-unquera

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El estuario o ría de Tina Mayor, con sus marismas, llanuras fangosas, que dicen que son su seña de identidad pero qué verdes y qué boscosas sus laderas, las que yo miraba, me pareció de una belleza melancólica. Sirviendo de sede a embarcaciones de poco calado, que se dedican a la pesca del bonito, la merluza, la lubina, la langosta, el centollo y la angula. Por allí se hacen a la mar los pescadores del asturiano Bustio, desde el margen derecho de la ría que acoge una banda de pantalanes con sus 20 atraques de recreo. La ría andaba en obras aquella mañana.

Unquera, es una población pequeña o que me dio la impresión de ‘chica’, de puede que incluso menos de 1000 habitantes. Fin de etapa del Camino de Santiago, antes de que éste entre en Asturias. 30 kilómetros la separan de los Picos de Europa y el mar a la vista está. De entorno privilegiado y territorialmente enclavada en el municipio del Val de San Vicente, es conocida no sé si en el mundo entero pero sí en España por sus corbatas, dulces en forma de pajarita. Cuyos ingredientes son simples pero responden al secreto de su hojaldre: frío, mantequilla y harina de trigo, a los que con la glasa real se le añade el huevo, el azúcar y las almendras. Ya sabes, si te acercas a Cabárceno, Unquera no es mala parada.

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