Herem

Migraña, crisis y desesperación

Posted in Crecimiento Personal by Maria de Herem on enero 17, 2009

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Tenía 19 años cuando comenzaron las migrañas. Puede que antes las hubiera padecido aunque esporádicamente pero para esa edad la migraña se convirtió en aquello con lo que había que convivir. Viví en una migraña perpetua durante tres meses. Fui tratada. La medicación no resolvió. Además tenía efectos secundarios… ¿Qué me producía aquellas migrañas? El ir en contra de mí. Sostenía una relación que no era buena, que era hasta si se quiere amoral, en la que no amaba… Una vez que me desprendí de esa relación las migrañas cesaron pero en cuanto, en mi vida, se planteaba un problema de índole emocional, una tensión adiccional… la migraña reaparecía. Lo curioso fue que una vez que me vi fuera de la casa de mis padres… la migraña se quedó allí y jamás regresó. Puede que mudase de síntoma, de hecho sí porque la problemática se tornó diferente pero por lo menos la terrible migraña había abandonado mi cuerpo.

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Me encuentro con una mujer hace un par de días. Con esta mujer primero doy un paseo, alcanzamos un promontorio, le hablo de la conciencia, de la expansión de la conciencia… la cabeza le estalla en presión, luego será un te y tendré que terminar por acompañarla a su casa… Su niña sufre. Es una niña herida. A oscuras, en una habitación, en su cama… la trato como a una niña que enferma y a la que hay que cuidar con mimo. Ella escribe:

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<<Cuando yo era pequeña, recuerdo a mi madre que sufría de migrañas, la recuerdo con un pañuelo blanco atado a la frente a modo de india, sus vómitos, y su malestar, mi abuela le freía patatas en aceite de oliva fresco, era su remedio casero y lo único que mi madre podía tolerar (supongo que formaba parte de los cuidados o mimos que necesitaba).Y todos teníamos que estar muy callados, no podíamos hacer ruido, ni jugar, y eso en una casa con cinco niños y sus amigos, era un tanto difícil. Pero todos nos preocupábamos mucho cuando veíamos a nuestra madre enfermar y guardábamos silencio>>.

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Ayer fuí yo la victima de la Migraña, pero no era otra cosa que el malestar físico de mi angustia. Yo tuve suerte porque ayer cuidaron de mí, y eso forma parte de su curación, incluso mi hijo guardó un silencio que agradeces cuando sientes martillazos en las sienes, y María me cuidó como quien cuida a una niña. Decía mi madre que la migraña estaba relacionada con la menstruación y que con la menopausia ésta desaparece. Yo no lo creo, pero pienso que si una mujer necesita sentirse mujer y no tiene hombre eso genera mucha angustía, y sí tiene que ver con la felicidad, y el sentirse bien por dentro, las caricias y los abrazos, y el sentirse querida, quizás con la menopausia una acepte o se resigne y por eso cesan la migrañas. Pero supongo que todo esta rodeado de mitos y conjeturas. Lo cierto es que a mi madre si que le cedieron al menos en cuanto a frecuencia. Pero en mi caso, siempre que he sufrido una migraña tenía que ver con la angustia y la presión. La primera la sufrí, unos días después de morirse mi sobrina, esa fue muy intensa e inolvidable, me duro casi dos días. Y la de ayer, pues…..leí en un blog la siguiente frase: “El dolor que no se desahoga con lagrimas puede que sean otros organos los que lloren” (Francis J. Braceland) y me parece una buena definición para explicar lo de ayer. Pero esta mañana, me arregle para ir a trabajar, incluso me maquillé, pero con o sin maquillaje, hoy tenía luz en la mirada y eso se refleja en todo lo que me ha pasado hoy.

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Hay un libro especial de un psicólogo, doctor en medicina, profesor de psiquiatría, llamado Irvin D. Yalom, cuya lectura recomiendo; en él se nos describen con precisión las migrañas que asolaron la vida de Nietzsche:

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<< – Cómo médico opino que aunque la enfermedad le haya causado beneficios (como con tanta lucidez me ha demostrado) ha llegado el momento en que le declaremos la guerra, de que conozcamos sus secretos, de que descubramos sus debilidades y la erradiquemos. ¿Quiere hacer el favor de complacerme y adoptar este punto de vista? – Nietzsche levantó la mirada y asintió -. Creo que es posible – prosiguió Breuer- que uno elija la enfermedad sin darse cuenta, así escoge una forma de vida que produce tensión. Cuando la tensión se vuelve oprimente o crónica, afecta a un sistema orgánico sensible: en el caso de la migraña, al sistema vascular. Como ve, me estoy refiriendo a una elección indirecta. Hablando de forma más concreta, uno no elige o selecciona una enfermedad, pero sí elige la tensión y es la tensión la que elige la enfermedad. – El asentimiento de Nietzsche, que indicaba comprensión, alentó a Breuer a continuar -. Así pues la tensión es nuestra enemiga, y mi tarea como médico consiste en ayudarle a reducir esa tensión en su vida. Breuer se sentía aliviado: había podido volver a su plan. ‘Ahora he preparado el terreno para el siguiente paso, el último: ofrecerle ayuda para aliviar las fuentes psicológicas de la tensión de su vida”.

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Nietzsche volvió a guardar el lápiz y el cuaderno en el maletín.

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– Doctor Breuer, hace años que me encaro al problema de la tensión que hay en mi vida. Hay que reducir la tensión, dice usted. Precisamente por esa razón dejé la Universidad de Basilea en 1879. Llevo una vida libre de tensiones. He abandonado la enseñanza. No administro bienes. No tengo una casa que cuidar, ni criados que vigilar, ni mujer con quien pelearme, ni hijos a quien educar. Llevo una vida modesta, percibo una pequeña pensión. No tengo obligaciones con nadie. He reducido mi vida a lo mínimo, a un nivel límite. ¿Cómo sería posible reducirla más?

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– No estoy de acuerdo en que no pueda reducirse más profesor Nietzsche. Ésta es la cuestión que me gustaría analizar con usted. Verá…

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– Recuerde -lo interrumpió Nietzsche- que he heredado un sistema nervioso de una exquisita sensibilidad. Lo sé por la forma en que reacciono ante la música y el arte. Cuando vi Carmen por primera vez se inflamó cada célula nerviosa de mi cerebro y todo mi sistema nervioso estalló. Por la misma razón, reacciono de forma violenta ante cualquier ligero cambio en el tiempo o en la presión atmosférica.

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– Pero -replicó Breuer- puede que esa hipersensibilidad nerviosa no sea constitucional. Puede que esté causada por fuentes externas. – ¡No, no! -protestó Nietzsche, sacudiendo la cabeza con impaciencia, como si Breuer hubiera fallado el tiro-.

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Yo sostengo que la hipersensibilidad, como la denomina usted, no es indeseable, sino necesario en mi trabajo. Yo quiero estar alerta. No quiero quedar excluido de ningún área de mi experiencia interior. Y si el precio de la percepción es la tensión, ¡que así sea! Puedo permitirme el lujo de pagar ese precio.

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– Breuer no respondió. No había esperado una resistencia tan fuerte e inmediata. Todavía no había descrito su plan de tratamiento y el paciente ya se había adelantado a los argumentos que había preparado y los había demolido. En silencio, buscó un modo de ordenar sus tropas.

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Nietzsche siguió hablando-: Usted ha visto mis libros. Entenderá que son buenos no porque yo sea inteligente o erudito. No, lo son porque tengo la osadía, la disposición, de separarme de la comodidad del rebaño y enfrentarme a fuertes y malignas inclinaciones. La investigación y la ciencia se originan en el descreimiento. Sin embargo, el descreimiento causa una gran tensión. Sólo los fuertes pueden tolerarlo. ¿Sabe cuál es la verdadera pregunta para un pensador? -No hizo la pausa de rigor para aguardar la respuesta-. La verdadera pregunta es: ‘‘¿Cuánta verdad puedo tolerar?’‘. No es una ocupación para pacientes que quieran eliminar la tensión y llevar una vida tranquila.

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Breuer no supo qué decir. La estrategia de Freud se hacía añicos. ”Basa tu estrategia en eliminar la tensión”, le había aconsejado. Pero para el paciente ante el que se hallaba Breuer, la obra de su vida, lo que lo mantenía vivo, requería tensión. Breuer apeló a la autoridad profesional…>>

‘El día que Nietzsche lloró’

IRVIN D. YALOM

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DAVE MCKEAN

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El final de este libro es asombroso. Crisis de la mediana edad, sufrimiento emocional, pensamiento obsesivo y desesperación los puntos de partida.

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8 comentarios

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  1. mariaangul said, on enero 17, 2009 at 11:32 am

    En un blog:

    … A partir de la Gaya ciencia, había descubierto como darle la vuelta a la cefalea. Sabía que el tabaco y las bebidas alcohólicas eran fatales para su cerebro. También descubrió que, a causa de su elevada miopía, sentarse a leer por mucho tiempo terminaba produciéndolemigraña. Una alimentación alta en colesterol también es fatal para la cefalea. En Ecce homo escribe que esos detalles del sustento diario son más importantes de lo que la gente pensaba. La dieta, horas adecuadas de sueño, ejercicio físico y un clima que favorezca el genotipo propio.

    Yo también sufro de cefalea. Afortunadamente mi cefalea es leve y no requiero tantos cuidados como él. En general me sirve todo lo que él prescribe. Yo sí puedo sentarme a escribir en una mesa por varias horas, o pasar todo un día leyendo un libro. Pero mis ideas más lúcidas se producen también cuando estoy en movimiento. Caminando, trotando, subiendo una montaña. Eso ocurre porque el ritmo cardíaco aumenta y la sangre bombea más oxígeno al cerebro. Y un cerebro bien oxigenado es un cerebro que funciona bien. Por eso Nietzsche caminaba y escalaba montañas. Ciertas sustancias potencian el pensamiento profundo: azúcares (si el cerebro lo pide), antioxidantes y antidepresivos naturales (chocolate, frutas), un poco de cafeína (excepto para las cefaleas severas u otras condiciones que la rechazan) y una dieta rica en pescado.

    http://elultimatumhiperboreo.blogspot.com/2008/09/sobre-friedrich-nietzsche.html

  2. Alexandra said, on enero 21, 2009 at 5:57 pm

    fotos muy bontias!!

  3. […] Desde antesdeayer, ando con un dolor de cabeza intenso, migrañas al poder. […]

  4. nandara said, on febrero 22, 2009 at 10:26 am

    Estoy pensando en lo que has escrito y estoy de acuerdo en el componente somático de las migrañas.
    El primer día que volví a dormir en casa de mamá, el dolor de cabeza fue muy intenso, tuve que acostarme más pronto que el resto de la casa, apagar las luces y pedir por favor que cesara cualquier ruido… entonces mamá dijo al día siguiente que yo era egoista por retirarme la primera. Le respondí que al sufrir por sufrir no le veía sentido por ningún lado.
    Es la guerra, sutiles comentarios que duelen por parte de ella que yo respondo, es como tensar la cuerda para indicar que la que manda en su casa es ella, como cuando yo era pequeña, no pasan los años.
    Lo entiendo, es su casa, pero duele y cuesta de asumir. Alteramos su rutina y hay que atenerse a las consecuencias.
    La esperanza es que la obra terminará y volveremos pronto a la paz (¿?).
    Salud. :)

  5. Maria de Herem said, on febrero 22, 2009 at 10:37 am

    Nandara, voy a permitirme darte una recomendación terapéutica para que puedas aprovechar el efecto positivo de la pesadilla. Ten una libreta contigo y haz que tu niña interior se exprese en ella sin tapujos. Cuando el destino nos lleva hacia alguna situación también es una oportunidad de resolución.

    Al ser tratada como cuando eras pequeña conocerás de nuevo a la madre que sufriste… No, ella no habrá cambiado pero tú sí, que ya llevas mucho adelantado y como el trabajo es contigo y con tus sentimientos… Todo lo natural que ella se muestre en sus impresiones… te viene bien para averiguar cual fue el daño a otros niveles.

    Ya he vivido otra vez una situación como la tuya en el caso de Mariol y por los mismos motivos. Observarás que la zurda ha dejado de existir :)

    Ella no fue su madre, fue su suegra y lo mismo: obras en su casa. Pero yo creo que tú te vas a arreglar mejor, porque ya tienes hace mucho las cosas muy claras.

    Ánimo, saldrás con bien. Y no, mientras se vive en un lugar se vive con unas normas, sí :)
    Será positivo seguro.


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