Herem

En la mente de un niño: ¿qué podrá significar no tener sombra?

Posted in Crecimiento Personal, Onírico by Maria de Herem on febrero 21, 2009

Esta tarde tendría que escribir sobre serpientes porque esta madrugada he vuelto a soñar con ellas pero ahora no me apetece hacerlo… tal vez luego. Sólo que eran hembras y yo las sostenía, sobre todo a la más grande y pálida (su cabeza tenía forma de esos zapatos con puntera cuadrada que se llevaron hace algunas temporadas; fue extraño pero pensé en los zapatos)… y aunque yo desconfiaba de mí porque sabía que estaba experimentando miedo y mi adrenalina se había disparado… la serpiente durante este sueño, comprendía mis recelos y no me mordía…

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sabanas

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Y lo que ocurre es que quiero contar algo acerca de las diferencias entre Moira y yo. Y esto ocurre antes de irme alguna noche de su casa.

Ella estuvo en la guardería de Yago esa tarde. Fue a buscarlo. Le encanta presentarse allí de improviso y no me extraña porque las transformaciones que experimenta la carita del niño, cuando la ve, son maravillosas: es ver un rostro iluminado por la ilusión y el Amor. Y al parecer, una niñita le dice a mi amiga: <<Yago dice que su mamá no tiene sombra. ¿Por qué no tienes sombra?>>

– ¿Qué dice eso? ¿Cómo puede ser posible? Claro que tengo sombra. Todo el mundo tiene sombra.

– No, tú no -le contesta la niña-. Porque Yago se enfadó mucho con nosotros y dijo que su mamá no tenía sombra.

Entonces Moira extrañada se lo comenta a Sandra, la profesora de Yago. Creo que Yago tiene cuatro años recién cumplidos. Y Sandra confirma la historia de la pequeña y ambas se ríen pero no creen que deban darle mayor importancia. Para ellas es sólo otro divertido incidente de un niño que se obcecó al reconocer una realidad… algo meramente anecdótico. Entonces ella me lo comenta cuando estamos bebiendo la mistela en la cocina y pensamos que es algo extraño pero parece que nos olvidamos de ello nosotras también. Luego al cabo de una hora yo me despido y estoy en el recibidor para irme y observo mi sombra reflejada en la pared y llamo al niño.

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<<¿Yago por qué crees que tu mamá no tiene sombra?>>

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el-desvan

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– No, mi mamá no tiene sombra.

– ¿Y tú tienes sombra? -entonces se produce un silencio mientras se lleva el dedo índice a la nariz pero luego asiente; así que sabemos que Yago tiene sombra.

– Vamos a hacer una cosa -le digo yo-. ¿Ves mi sombra en la pared? – otro asentimiento. Pues ahora vamos a llamar a la sombra de Yago y nuestras sombras van a decirse algo.

Entonces lo sitúo de forma que su sombra se proyecte en la pared y lo hago mirar sólo hacia ella.

¿Qué le está diciendo mi sombra a tu sombra?

– ¡Adiós!

– No. Le esta diciendo ¡Hola, sombra de Yago!

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Pero la confusión está justificada. Los oyentes utilizamos el mismo gesto para el saludo de bienvenida y para despedirnos. Aunque yo no me doy cuenta hasta ese momento.

– Y ahora, ¿sabes lo que vamos a hacer? Vamos a llamar a la sombra de mamá para que se presente. ¡Sombra de Moira, por favor, aparece!

Entonces mi amiga que nos observa en silencio recostada contra el precioso mueble de su recibidor y próxima a la lámpara Tiffanys, da un paso y se gira de forma que su sombra también se proyecta en la pared como si nos mirase y mientras yo observo la carita del niño.

¿Qué es eso Yago? ¿Es la sombra de mamá? – pero no contesta, asiente en silencio algo turbado y vuelve a llevarse su dedito índice al interior de la nariz. Yo observo que Yago repite ese gesto cuando se siente inseguro acerca de lo que está ocurriendo… es un niño muy sensible y siempre ha demostrado una capacidad muy elevada para captar las corrientes ”ocultas” de los ambientes…

– ¿Pero tú no decías que mamá no tenía sombra?

– Ahora sí.

– ¿Y cuándo no?

– En la playa no la tiene.

Entonces Moira sugiere que tal vez fuese una confusión y que tal vez Yago estuviera pensando en las sombrillas cuando le preguntaron.

– Y yo no tengo sombrilla -dice.

– ¿Y tu hermanita tiene sombra Yago?

Y Yago asiente.

– ¿Y papá?

– Sí, también tiene.

Entonces seguimos jugando a entendernos con las sombras y mi sombra echa fuera de escena a la de Yago.

– ¡Vete sombra de Yago! -dicen las manos de mi sombra

Y Yago da unos pasos hacia atrás, hacia el pasillo, con cara ya divertida, cómo de haber empezado a jugar aunque sigue estando un poco turbado. Y yo sé por su rostro que no hubo confusión alguna, que en ningún momento confundió la ausencia de sombra de su madre con la falta de una sombrilla. Y le hago entrar de nuevo en escena, y le pido que le diga a su sombra que le pida a mi sombra que se marche porque tengo que irme y nos despedimos. Pero yo a día de hoy sigo pensando en el motivo por el que Yago se negaba a reconocer que su madre tuviera sombra. Y no lo puedo evitar. Me gustaría conocer esa respuesta como me ocurre con tantas otras; averiguar el cómo fue y el por qué de que Yago llegara a esa conclusión. ¿Por qué era tan importante defender a su madre de la idea amenazadora de la sombra? Es que al parecer llegó a molestarse mucho con los otros niños, se enfadó bastante y hubo que dejarlo… y yo hoy, recordándolo, hasta tuve la sensación de que parte de la turbación que presencié en el pasillo procedía de ese momento. De lo que la nueva toma de conciencia significaba ¿Cómo iba a justificar ahora su postura? Se vería obligado a desdecirse. Y entonces me planteo si será un niño realmente honesto, uno de esos con un sentido de la honestidad personal tan inquebrantable, a los que, incluso, un algo interno les obliga a justificar o esclarecer hasta los pensamientos morales de carácter negativo que creen haber tenido; por ejemplo a mí con determinadas personas me ocurre eso… No me importa en absoluto mentirle a quién no significa nada especial para mí pero cuando alguien comienza a importarme desde adentro... experimento algo similar a una necesidad de comportarme de una forma irreprochable con esa persona. Por ejemplo, ayer de madrugada, le escribo un correo a él hablándole de cosas que no han ocurrido realmente; como por ejemplo que yo me haya comportado de manera prepotente con respecto suyo pero … yo sé que en algún momento de descuido interior si he rozado ese sentimiento de prepotencia; quiero decir que no he sido prepotente pero que me he acercado peligrosamente a esa arista con el pensamiento porque he pecado de soberbia (mi mayor defecto) y que aunque él no lo sepa yo lo sé… y no me ha gustado, no me ha gustado acercarme a ese punto, y lo único que pretendo es desterrarlo a base de hacerlo evidente y por eso convoco a mi sombra, para despedirla mientras le digo: ‘¡Aléjate!’. Y ese es un adiós sin equívocos.


No me gustan las sombras que crecen entre las personas que se quieren y por eso la posibilidad de aclarar cualquier cosa que a uno le surja me parece tan vital como increíble.

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Y de verdad que te daría quillones de besos por ese último correo que me escribiste esta tarde. ¿Por qué sabes? No sé muy bien lo que significa pero vamos, que me encanta eso de ”follar como una diosa”. No sé, me ha hecho mucha ilusión leerlo y eres único, para mí lo eres y me haces sentir única, como nadie, de veras… Y debería de quererte aunque sólo fuera por eso, por lo bien que me haces sentir y por lo bien que me sientas pero lo que más me gusta de estar bienqueriéndote es que todos los días se me ocurren varios nuevos motivos para quererte.

2 comentarios

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  1. Maria de Herem said, on febrero 21, 2009 at 11:45 am

    Recuperado hoy para Moira con cariño. Escrito hace un tiempo…

  2. maria paula said, on octubre 8, 2009 at 1:46 pm

    muy largo te cuento


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