Herem

Sobre los matices del ser indigno de confianza…

Posted in Crecimiento Personal, HEREM, Lily Palmer, Oído, Olfato, Tacto, Vista by Maria de Herem on marzo 29, 2009

Me dolió mucho por ti Lily, aquella tarde en la que lloraste tanto. La tarde en la que les contaste a tus amigos que ellos iban a separarse, tus padres. Me habría gustado poder estar cerca de ti ese día, para consolarte y ayudarte con el proceso. Pero llevaba años lejos. Y me dolió mucho que fueras tú, precisamente tú, la que te adentraras en el teléfono móvil de tu padre y encontraras aquel mensaje dirigido a alguien al que él llamaba Alma… ¿Entonces sólo como amigos alma? Pero me alegré, pequeña, de haberme puesto a salvo yo. Porque no hubiera soportado ser, yo, la persona a la que iba dirigido ese mensaje… Quise acercarme a tu padre y avisarle de como estaban las cosas para ti en ese momento. Quise concienciarlo del daño interior que una hija sufre, sobre todo si tiene tu edad, si descubre que su padre… Pero no me fue posible. Ni cruzar una palabra con él y entonces volví a irme por otro año… Desaparecí de la vida de la ciudad y comencé a ser feliz… y regresé en el verano del 2007 para confirmarme como andaban las cosas en tu vida. Ya sabía entonces, porque me lo habían contado, de nuevo, que tú tratabas de integrarte en un grupo de niños un poco mayores que tú. Pero yo esto lo sé todo por doble lengua. Es decir, alguien que está cerca de ti y te conoce se lo cuenta a sus padres y sus padres me lo cuentan a mí… y aquel día me dijeron que su hijo había dicho: <<Lily Palmer. es una niñina pero quiere estar con nosotros y …>> Y tú no entiendes nada de jerarquías, de como funciona la jerarquía en las relaciones. Aunque ahora ya… Y si eres pequeña, más pequeña que otros, los mayores… y tú como te ves presionada a ser aceptada dentro del grupo en el que quieres sentirte integrada… pues no puedes exhibir tu naturaleza verdadera con ellos y sufres las consecuencias de tu rol inferior… y a veces uno, por los otros, que ”están por encima de él”, llega a hacer cosas que no se le ocurrirían por si mismo. Es como una especie de perversión, que puede que todavía no haya sido demasiado grave en tu caso. ¡Ojalá que no! Es que no lo sé, pero la batalla comienza ahora, Lily, la verdadera. Y cada vez es más cruda hasta que ya estás tan dañada que te has convertido en uno de ellos, en uno con el poder de pervertir a los demás o hacerles daño. Y tu inocencia no se salva. Y dentro de uno, existe un alma que es inmortal mientras tú vives. Y el alma sufre si se la vulnera. Y es así como muchos llegan a convertirse en Desalmados. ¿Y por qué? Porque todo es silencio y desde el silencio y la ocultación nadie puede ayudarnos a pensar con claridad. Y entonces nuestro propio juicio corre el riesgo de nublarse y nublarse y así hasta que … un día ya estás tan perdido que necesitas ayuda exterior para arreglarlo. Pero créeme que esto se puede hacer solo y por uno mismo y se puede hacer desde tu edad. Tomar conciencia de todo, denunciar los abusos, y no dejarse arrastrar por los apetitos de tu alma. Porque el alma apetece el amor, la relación, pero el alma no sabe distinguir si la fuente de la que quiere beber es apta para el consumo o si está envenenada. El alma no distingue eso, pequeña pero envía muchos mensajes desde adentro, con sus malestares, para que dejes de consumirla y la pongas a salvo. Y entonces es necesario que la inteligencia sea la guía del alma. Y la inteligencia, la que ayuda, es racional, Lily. Aunque el instinto también puede ser inteligente pero no comprendido. Porque tenemos sentidos pero no los conocemos lo bastante, y ellos son también el producto de nuestra evolución. Y a eso trato de apelar yo, ahora, en ti. Al Conocimiento. Pero Lily si no comprendes que relacionándote con individuos mayores que tú pierdes poder… y sólo eres manipulado y manipulable, nadie podrá hacer nada por ti, mi niña. Por muy de vuelta de todo que te creas… eso sólo es una fase. Algún día te darás cuenta de la realidad. Y entonces ese es un momento especialmente doloroso. Y lo que tienes que saber… es que ese día tienes la posibilidad de cambiar tu vida. Ese es el día que reconoces que con respecto a ti tú eres la máxima jerarquía. Y si lo consideras así… puedes hacer tabula rasa de tu pasado y darle a tu alma una Oportunidad verdadera de manifestarse. De hacerte compañía y llenar tu vida de belleza. Mira, yo he pasado por muchas cosas que tú no sabes a lo largo de mi existencia y, hoy por hoy, me siento muy limpia. Pero porque yo he aprendido a cuidar de mi alma. Y la protejo con todas mis fuerzas y con toda la racionalidad que me es posible. Y a eso es a lo que llamamos niña interior. Porque el alma lo ha vivido todo y aunque tu mente olvide muchas cosas, debido a sus propios mecanismos de defensa… la experiencia de tu alma está en ti desde el Principio… Y es de estas cosas de las que yo deseaba hablar contigo. Y por eso te escribo. A mí no me favoreció en absoluto, la connivencia familiar ni extraña. Y entonces yo no me puedo quedar de brazos cruzados ante lo que sé de ti y ya me ha sido confirmado… No es que a mí me importe que hayas perdido la virginidad, pequeña; es que quiero que descubras que no la has perdido. Que la virginidad no está entre tus piernas. Que la virginidad es un estado interior que puedes conservar siempre, hasta que tú decidas entregarte con conciencia y aún después… que la virginidad está en tu cabeza, porque la mente y el alma no serían si tú cerebro no estuviera ahí, si tú no fueras un cerebro humano…  y que es posible sostenerla para siempre, y siempre permanecer virgen, bonita, inviolada; incluso aunque tengas relaciones sexuales con quien tú desees tenerlas. Pero a condición de que ese sea tu deseo maduro. Pero que nunca es tarde para recuperarla. Porque la virginidad es una decisión. La decisión de ser tu propia selva exuberante y el territorio desconocido por explorar de ti misma. Y entonces, cuando te pido que conserves mis cartas para el futuro… y te hablo de un legado… es de esto de lo que te hablo. De lo que quizá a día de hoy te cueste comprender, por como te lo explico yo, desde aquí. Sin preocuparme de tu edad mental pero con ternura. Porque no es sólo para tu hoy, es para tu Siempre. Además yo sé que la experiencia ya ha sobrepasado tu edad mental y no la ha respetado. Porque tú no conoces aún las maneras adecuadas o posibles de hacerte respetar. Y sí, cuando hablo de respeto también quiero decir: dar miedo. Claro, como el mar.
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Mira, yo le tengo mucho respeto al Mar porque conozco cual es su Naturaleza y su peligro potencial… Pero no respeto a los humanos. Con los humanos, con los animales, con las plantas, con el ecosistema, con la atmósfera… procuro ser considerada. Y eso es lo que nos debemos exigir a nosotros y a los otros, consideración. Pero tú no puedes pedirle a nadie que sea considerado contigo si tú no sabes serlo. Y eso es lo que deben enseñarnos, lo que yo quería transmitirte, principalmente. Así que piensa que no debes guardar silencio si alguien te hace daño, debes denunciarlo, y evitar a esa persona o personas que te perjudiquen. Sea quien sea: yo misma, tu mejor amiga, tu novio… y así con todos. Pero darte cuenta de ello. No aceptar que las cosas son así y sucedieron y ya está, y dejar que sigan sucediendo… No Lily. Hay que aceptar que lo que sucede sucedió, sí, y ya está. Pero debes comprender que porque algo suceda no tiene porque seguir sucediendo si tú no quieres. Que estás en tu derecho de cambiar de opinión, de decir No, de decir basta, de pedir ayuda, de demandar atención. Aunque no quieras molestar. Lo que no debe uno nunca es quedarse de brazos cruzados ante lo humano, lo sensible. Y que es muy importante establecer un criterio con respecto a todo. Porque tu criterio te ayudara a discriminar, a distinguir, a que seas justa y a reclamar justicia para ti misma y para los demás.
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Entonces, acuérdate… yo estoy con el portátil en una mesa de esa terraza de la plaza y estoy observando que evoluciones has sufrido y qué tipo de relación estás estableciendo con tu padre, que ya es un hombre separado y con novia. Y yo cuando le vi con esa novia, pues me gustó, porque me pareció que ella podía ser una persona con la que podía llegar a ser feliz. Porque si con tu madre lo fue al principio… luego dejó de serlo y pasaron muchos años juntos hasta que decidieron separarse, por el bien de ambos, porque no se querían, aunque os querían mucho a vosotros. Eso sí que se veía a todas luces, que tus padres os querían mucho. Y nadie puede criticarlos por querer lo mejor para vosotros y estarse juntos hasta que os hicisteis un poco mayores, sobre todo tú. Pero ya te digo que esto son sólo percepciones mías. Pero son las percepciones de alguien que permaneció de forma constante durante al menos dos años, muy próxima a ti.
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Y tú me saludas, hablamos algo, me das un beso, eres preciosa. Estás muy alta, eres una belleza, presumes de una distinción que te puedes permitir. Pero estamos hablando de tu cuerpo y de tu clase, Lily. Te reconozco todavía. Pero Lily, todo eso no vale nada, nada, en absoluto vale nada, si lo que está en tu mente, y el sembrado de tu alma, es desconsiderado contigo y con los demás que no lo merecen. Porque los habrá que si merezcan tu desconsideración… yo no sé ahora, quién puede ser uno y quién otro, no desde aquí… Eso es lo que ignoro. Eso es en lo que no puedo ayudarte a determinar si tú no me hablas… y ya no quiero verte en persona. No, porque no me siento a salvo de tu entorno. Y prefiero quedarme aquí, detrás de la pantalla. O al otro lado del teléfono…
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Y estás con tus amigos, que son niños de tu edad y me gustan tus amigos para ti. Y tu padre está sentado en una mesa detrás de mí y tú pasas a mi lado y vas hacia él y le preguntas que si os vais juntos a hacer algo… imagino que porque te estabas aburriendo, no sé… pero él te dice que no, en ese momento te dice que no… y tú vuelves con tus amigos y ya os vais todos vosotros y cuando pasas por delante de tu padre él te pregunta que a dónde vas y le diriges una mirada de desprecio que me hiela la sangre. Porque entonces yo ya averiguo muchas cosas por tu mirada. Y aunque quizá esa tarde no… sé que en otras tardes te buscarás la vida para divertirte de otras formas, con amistades y relaciones que no están sanas, pero no por lo que hagan o dejen de hacer en sus vidas privadas; sino porque su conciencia con respecto a todo es mínima y con respecto a tu conciencia más mínima todavía. Y ahí fue donde yo te perdí de vista y donde tampoco logré advertir a tu padre a tiempo para que se preocupase verdaderamente por ti. Y desaparecí. Y así quiero seguir, mi niña. Desaparecida en los aires volátiles y fragantes donde, por fin, me encontré a mi misma y a mi felicidad. En contacto con el mundo espiritual de mi ser, que es el que me transmite mi paz. Con la realidad de mi alma: el vuelo. Y esto te lo firma una atea, que es aquella que no cree en dios ni dioses, ya ves…

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Pero yo sé muchas cosas que tú no sabes Lily. Porque estaba presente en vuestra vida, entonces sí… Ya sabes, era tu amiga y lo era. Y entonces como tú no sabes nada de por qué yo llegué a ser tu amiga… te contaré que días antes del último eclipse de fin de siglo… yo bajaba con mi abuela por la calle donde vives y me giré y vi a tu padre, del que sólo sabía que era abogado…  y él te llevaba en su cuello, entre sus brazos, y venías dormida y eras muy pequeña y en ese instante… me sorprendí de algo que me conmovió mucho, hasta la médula,  y volaron mil mariposas, las de mi alma. Y así fue como tú y él comenzasteis a importarme… y también comenzó a importarme mi propia alma.
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‘Mil mariposas’ – PRESUNTOS IMPLICADOS –

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Y esto que te hago llegar hoy, a partir de aquí, de esta línea misma, es algo que escribí en el 2004, y que espero que recuerdes. En que momento fue…

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‘¿Crees que tenemos algo en común?’

NICOLETTA TOMÁS

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– xvii – Sn


Lily no quiere verme llorar. Dice que no le gusta pero yo prefiero llorar a ser de estaño.

Y Lily me cuenta que ella no ha llorado nunca. Nunca por pena o por tristeza, que no recuerda haberlo hecho ni cuando era una niña pequeña. ¿ Y cuándo pensarán los niños que se deja de ser pequeño? Yago el niño de Nora grita y se enfada cuando se lo dices: ‘NO-SOY-PEQUEÑO’. Y grita como si fuera un pequeño salvaje, y cruje como el estaño cuando lo doblan. Dice que no le gusta y lloriquea, y lloriquea y te golpea como si tú lo fueras, de estaño me refiero, y los golpes no dolieran, y Yago, ¡válgame dios!, sólo tiene tres años y medio.

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Pero a mí no me importa que Lily ahora no quiera verme llorar delante de ella, o es mentira, si me importa y mucho, y me alegro por ello, porque creo que eso significa que mis sentimientos cuentan, realmente cuentan, y comienzan a contar tanto como la ausencia de sus sentimientos.

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De hecho Lily nunca había llorado hasta este último año; aunque eso todavía no he podido confirmarlo con su padre. Él dice que ella a veces cuenta mentiras y que nunca sabes cuándo y cómo creerla. Por ejemplo, cuando ve algo que le llama la atención, como que tú te lastimes en una pierna y te arrastres sobre ella, a los pocos días o en alguna revuelta del camino, lo más probable sea que te encuentres con que ella también se arrastra o cojea. Es extraordinaria y tiene un talento inusitado para comprender e imitar todo aquello que sus sentidos captan. Yo le digo que para mí es de un color azul muy especial, Índigo he comenzado a llamarla; aunque también le digo que no todo el mundo podrá verla de la misma manera… Pero a ella no le gusta ese nombre, así que no le concede demasiada importancia al hecho, como ahora que las conoce tampoco le gustan mis lágrimas… tal vez las encuentra extrañas como al nuevo nombre, aunque hubo un tiempo en que ella misma me incitaba a llorar casi todos los días. ¡Anda, llora ahora! -decía. ¿Y por qué quieres que llore? Porque quiero verlo – contestaba. ¿Se entiende?  Era como si para ella llorar significase lo mismo que ser de estaño, igual, y gritar o no gritar cuando te doblan, gritar como un metal.

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– ¿Cuándo llorarás? -me dijo un día en el ya habíamos rebasado con creces el albor de la primavera. Nos ”conocimos” en julio del año pasado.

– Tranquila. Un día lloraré y tú me verás hacerlo. Te prometo que te dejaré verlo

– ¿Me das tu palabra?

– Sí, por supuesto

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Lily sabía bien que a mí no me convence llorar delante de nadie; como tampoco me agrada demostrar delante de otros adultos ninguno de mis otros sentimientos pero confiaba en mí. Confiaba en que lo mismo que había sucedido con el enfado y la ira, un día cualquiera, cuando llegase el momento preciso ocurriría con el llanto.

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Y así fue, un día lloré porque me emocioné contándole alguna historia del oeste (probablemente le hablaba de mi infancia) y me limité a dejar que las lágrimas cabalgaran por la llanura de mis mejillas sin detenerlas, sin pretender sujetar las riendas de las emociones y sin ocultarme de la acción erosiva del viento y las nubes que anunciaban lluvias bajo mi sombrero. Recuerdo haber leído no sé dónde que las emociones son caballos salvajes. Y recuerdo su carita mirándome y escuchando en silencio, y ¡ay! se me conmueven los ojos en este mismo instante al recordar aquel momento y por eso comprendo que no soy de estaño, y que no me enfermaré de ’su peste’. No lo quiero creer, porque no sé si tú lo sabes pero el estaño es un metal que enferma de gravedad. Su sensibilidad ante el frío es tan acusada que en lugar del blanco argéntico adquiere un color gris, aumenta de volumen y comienza a desmenuzarse hasta que se convierte en polvo y helada muerte. Imagínate desmoronándote e imagínate luego desintegrándose a los tubos de estaño de un órgano en una iglesia, o aquel cargamento que se pulverizó en 1868 en la aduana de los muelles de San Petesburgo, y piensa en mí cuando me hielo y agonizo por dentro.

¡Creehg!. ¿Qué ha sido ese ruido? – le pregunto

– Un crujido – dice Lily- de tus huesos.

No querida. He sentido como un latigazo, como cuando se rompe una fibra sensible.

– No me asustes.

Yo también tengo miedo, ¿qué creías? ¿Me dejas que llore? ¿Te importa?

– Sí, sí eso va a sanarte te dejo, y no, entonces no me importa.

Pues dame un abrazo. Las enfermedades del alma se curan, lo mismo que se cura la peste del estaño: refundiendo el metal y luego dejándolo enfriar lentamente.

– ¿Y no me contagiaré?

– No o sí. Eres tú quién dices que no puedes llorar.

Un beso


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Y el otro día me preguntaste cuando hablamos por teléfono que si era tu padre el que podría salvar mi vida si … y te aseguré que no. Pero que yo confío en tu padre, mucho… Lily que tu padre es una persona muy competente, y sólo tienes que ayudarle a que sepa llegar a ti, que es también lo que yo trato, que el quiere que evoluciones y seas libre para decidir quién y qué quieres ser. Porque te queremos Lily, porque queremos a la niña que fuiste y nunca la dejaremos de querer, eso nadie puede robárnoslo, ni tú misma; y lo que yo te pido es que no te olvides de ella, de tu niñez feliz, como la de tu padre, que jugó mucho y quiso que tú también jugaras y disfrutaras de tu infancia…  y que no consientas que nadie le haga daño, a eso tuyo, a nada… y esto era aquello que te escribí en ‘El Mundo de Sofía’ cuando te lo regalé. Lo tienes en mi dedicatoria. Lily recuerda que eres muy especial y que no debes permitir que te corrompa nadie. Te lo debes a ti misma. Recuérdalo y ponle límites a cualquiera que trate de olvidarlo y no sólo a tus padres.

De tu amiga María, que os recuerda desde su alma.

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3 comentarios

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  1. Maria de Herem said, on marzo 29, 2009 at 10:30 am

    Escrita al día siguiente de haberle enviado a Lily la notificación de que aunque sus padres le dieran permiso para venirse conmigo a hacer el Camino de Santiago… ya no me la llevaría. En un intento de establecer límites…

    Pero enviada ayer.

  2. la consulta de kurilonko said, on mayo 21, 2010 at 9:07 pm

    ¡¡Cielos, que manera de volcar sentimientos!!
    En este rato está comenzando a llover sobre mi pueblo y creo que eso, la lluvia, completa el marco preciso para “sentir” lo que tratas de hacer comprender a Lily y tal vez, tal vez, por un momento suplantar sus ojos y su piel…

  3. […] han sido acaparados por el otro sistema, que es el de la droga… No sé si me explico bien pero yo escribí esto para una chiquilla que me importaba. G. se parecía a esa chiquilla mucho. Pero horrores. En el […]


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